La Virgen del árbol seco

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Descripción

El tema de esta pequeña tablita tiene una relación directa con la cofradía de Nuestra Señora del Árbol Seco, que contó entre sus miembros con el pintor y su esposa. Una leyenda difundida durante el siglo XVIII, atribuyó a Felipe el Bueno la fundación de esta cofradía. Según esta leyenda, antes de que el duque entablara batalla contra los franceses, la Virgen y el Niño se le aparecieron sobre el tronco de un árbol seco. Felipe el Bueno oró entonces ante la imagen pidiendo la victoria y ésta le fue concedida.

Para la interpretación iconográfica de la Virgen en esta pintura hay que recurrir al Libro de Ezequiel. Las palabras del profeta «sequé el árbol verde e hice reverdecer el árbol seco», se interpretan como una clara alusión al pecado original y al papel que desempeñaría María como la Nueva Eva. El árbol seco se identifica con el Árbol de la Ciencia, marchito tras el pecado original y que volvería a florecer por la concepción de Jesús. Por otro lado, las ramas secas del árbol, dobladas y trenzadas, forman una corona que constituye una clara prefiguración de su Pasión.

La pintura está concebida, por su acabado, como una joya o un objeto precioso donde destacan los materiales y sus texturas. De las ramas secas cuelgan quince aes doradas que simbolizan la primera letra del Ave María; su número se ha puesto en relación con los misterios contenidos en el rosario, oración para llegar a la intercesora entre los hombres y Dios.

Información adicional

Dimensiones 12,4 × 14,7 cm