Descripción
El romanticismo alemán está representado en la colección del Museo con un lienzo del mejor intérprete de este movimiento: Caspar David Friedrich. Mañana de Pascua se ha fechado en la etapa de madurez del artista, antes del ataque de apoplejía que sufrió el 26 de junio de 1835, fecha en la que Friedrich abandonó la pintura al óleo para trabajar en acuarelas y dibujos a tinta sepia. Esta tela perteneció a Wilhelm Wegener que en 1859 la describió de la siguiente manera: «Tres mujeres caminan rígidamente hacia el cementerio por la mañana muy temprano. Todavía no ha amanecido y la luna, alta en el firmamento, aún permanece, aunque ya no ilumina el paisaje y no arroja sombras. Los viejos árboles al lado del camino están echando yemas y en los campos se ven los verdes brotes que han sobrevivido al invierno. La naturaleza celebra su despertar».
Los paisajes de Friedrich, silenciosos y de una honda quietud, contienen un simbolismo alusivo a la vida y a la esperanza que el artista plasma a través de una iconografía personal. En Mañana de Pascua, la senda incita al espectador a seguirla, y para facilitar el recorrido, Friedrich ha apartado a las mujeres, que parece que esperan en la linde. La luna visible todavía en lo alto del firmamento se contrapone con su resplandor a la fría luz del amanecer que empieza a inundar el horizonte. La luna y el amanecer se han interpretado como signos alusivos a la muerte y a la vida después de la muerte. El mensaje de esperanza que difunde el pintor se traduce en esta Mañana de Pascua en una clara referencia a la Resurrección.







